Como Dejé de Luchar y Descubrí Cómo Habitarme
La adultez es algo que uno no tiene muy claro cómo es que se ejerce o de qué se trata. Al igual que amarse a uno mismo, es algo que no se siente como que uno no lo esté haciendo ¿cómo sé que no lo estoy haciendo?
Recuerdo que mi terapista me decía: “tienes que aprender a habitarte”, y yo decía: ¿habitarme? ¿y qué se supone que estoy haciendo en este momento entonces? ¿Qué más quieres que me habite si vivo dentro de esta humanidad que me abruma?
Y es que en realidad vivir sin guía de cómo habitarte es cuesta arriba. Esa idea de lo que es bueno para mi va a venir por el camino difícil. A veces me hace descartar lo que a mí se me da fácil simplemente porque vibra conmigo de forma natural, y forzar cosas y situaciones que nada que ver con mi ser, persiguiendo el espíritu de lucha.
Se vuelve una carrera que no termina, porque voy buscando la siguiente cosa difícil después de la que acabo de terminar. Eso puede a veces traducirse en no darme el tiempo ni el espacio para respetarme, amarme o escucharme, y es que a la primera persona a la que he silenciado siempre es a mí.
Mi papá solía decirme que “el hombre más sabio es el que conoce sus demonios y los domina”. Quizás deba decir que por ahí van los tiros, pero no necesariamente se trata de dominar o luchar, sino de reconocer y llenar de amor.
Cada vez que reconozco una de mis sombras y le doy un lugar en la mesa para ser escuchado y proyectar la luz de mi consciencia y amor a esa sombra, resulta que se comienza a convertir en un mapa de cómo es que realmente soy.
Yo soy una persona muy intensa, con muchas ideas y elocuencia para expresarlos; además, esa intensidad a veces me abruma a mí misma, y mi mente se pone a dar 1000 vueltas por minuto, que se siente como si 195 ventanas emergentes de la misma cosa abrieran a la vez. Si no me doy el tiempo de escucharme, de saber qué es lo que mi mente está procesando, soy completamente incapaz de escuchar a las personas de mi entorno. No porque no sea importante lo que ellos tengan para decirme, es que ya yo estoy abrumada con mis propios pensamientos, y a partir de descubrir eso entendí de que nunca se ha tratado de tener o no tener paciencia (lo que se supone que aprendí de mi entorno), sino más bien de que realmente no puedo ser capaz de tener paciencia para los pensamientos, emociones, exigencias o solicitudes de otros porque no me escuché a mí misma, y desde ahí es de donde reacciono.
¿Es culpa de mi entorno? No, es mi propia responsabilidad, y para una persona responsable con todos menos consigo misma, la cosa parece un reto.
Pero de nuevo, en el momento en el que me permití existir y escuchar lo que me pasa, pude verlo, entenderlo y ser compasiva conmigo misma; ahora es una oportunidad para ser y desarrollar esa obra que, al menos para mí, se ve como escucharme y sentarme a escribirme.
Yo no nací para luchar. Soy increíblemente buena en eso, pero no nací para eso; nací más bien para conquistar y principalmente conquistarme, y desde ahi poder crear, pero sobre todo para ser.
La verdad sobre lo que tus padres te enseñaron sin querer
Lo mas desafiante de crecer es poder manejar el dialogo interno que te controla. Cuando haz vivido por mucho tiempo como yo en un entorno que hace todo por convencerte de que tu no eres capaz de lograr lo que quieres y no porque no te quieran, si no porque es lo que creen, lo aprendieron en el entorno en el que crecieron.
Suena incoherente, lo se, pero la realidad es que todo el mundo en la tierra esta herido y que hay demasiados adultos criando personas a través de sus heridas y no a través de ese amor puro y precioso con el que fuimos concebidos y puestos en la tierra. No se permiten a sí mismos sentirlo porque no se sienten cómodos sintiéndose amados, no se siente natural porque crecieron en el caos. Dentro del caos solo eres valioso si eres util. No se atreven a soñar esas cosas “sin coherencia” porque soñar para ellos fue peligroso. Tratan de salvarnos de lo que ellos conocen, pero su realidad no es la nuestra, precisamente gracias a ellos.
La semana pasada me sentía terrible, la culpa me invadía por haber peleado tanto con mi papá que era un hombre tan extraordinario. Pero, al mismo tiempo también era una persona que me hería con sus miedos y ponía algunas ideas en mi cabeza que me hacían creer que yo no podia hacer o ser ciertas cosas. De él salió la idea de que yo no podia por ejemplo permitirme equivocarme y que yo siempre me equivoco, que por eso tengo que tener a alguien que amortigüe mi caída porque yo requiero “ supervisión adulta”, o que yo no podia tener dinero porque lo gastaba, o esta falsa humildad de no muestres lo que tienes. Todas cosas tontas que él no las puso ahí porque no me amara lo hizo para protegerme de sus miedos. Su miedo a equivocarse y que las personas que amaba se vieran afectadas, su miedo a no tener y su miedo a perder vínculos con personas a las que él amaba profundamente “por ser tener más que ellos”.
Yo por el contrario en esencia no tengo miedo a equivocarme, se que mientras mas me equivoco mas cerca estoy de lograr lo que quiero y que la próxima puede ser la oportunidad que estoy buscando. No le tengo miedo a no tener, se que cuando no tengo dinero también estoy bien, que es cíclico y circunstancial, se que no se trata de acumular si no mas bien de permitirme ser mas de mi misma para que eso impacte al mayor porcentaje de seres humanos y que por eso el universo usualmente corresponde con cash. Se que cuando no tengo es porque no me estoy permitiendo ser y si no tengo dinero entonces tengo algo aun mas valioso que es el mejor recurso que cualquier persona puede tener ¡TIEMPO!. Vivo en un país donde las cuentas te quieren volver parte de un sistema en el que no tengas ese tiempo para creer en ti. Yo soy un ser humano muy valioso e importante, solo debo permitirme ser.
Finalmente yo no tengo miedo a perder a las personas que amo y eso antes me dominaba y aterrorízala hoy en día entendí que a las personas hay que disfrutarlas cuando están y que no son eternas, que todos son momentos fugaces y que aunque quisiera que duraran para siempre pues, lo único que siempre vamos a tener es lo que necesitamos y que no necesariamente lo que queremos y necesitamos es lo mismo.
Todo obra para nuestro bienestar porque somos parte de una obra mas grande que la nuestra humanidad. Una obra llamada el plan De Dios que no es otro que la misión humana de ser tu mejor version y servir con tu existencia y tus dones para despertar e inspirar a quienes no lo pueden ver.
La misión o el proposito no es tener, es ser y cuando te permites ser puedes construir todo lo que quieres, porque reconoces el poder divino que habita en ti.
Entonces si reconoces las heridas de tus padres y entiendes que nada tienen que ver con el mucho amor que te tienen, reconoces que hay un sistema que quiere alejarte de esa conexión divina que vive en ti y crees en ella, sabrás que no hay miedo que sea mas grande que tú y como decía mi papa “puedes sentir miedo, eres humano lo vas a sentir pero los valientes también sienten miedo”. Solo debes permitirte al mismo tiempo sentir la fe y la esperanza que también existe.

